Capturo,
desde
lo ancho de tu rostro
y la extensión de tu voz,
aquella
perturbación
violenta
que
te amarra la risa
que
te aleja las puertas
y que
te encierra,
en
tu cuarto de palabras
en
la habitación de tu memoria.
Te
capturo,
y te dejo atónito.
Y
te largás a llorar,
y te propones
destruir
la fotografía.

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